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Cuando observamos una partitura podemos encontrar una enorme cantidad de información: notas, ritmos, dinámicas, articulaciones, indicaciones de tempo. Sin embargo, la partitura no es la música en sí misma. Es una representación de la música, una especie de mapa que nos indica el camino que debemos recorrer.
Podemos comprobarlo fácilmente escuchando una misma obra interpretada por dos pianistas diferentes. Aunque ambos utilicen exactamente la misma partitura, las interpretaciones nunca serán idénticas. Cada pianista tomará pequeñas decisiones sobre el tempo, las dinámicas, el fraseo, los silencios, el rubato o el carácter de determinados fragmentos.
Por eso resulta muy interesante elegir una obra que nos guste especialmente y escuchar varias versiones mientras seguimos la partitura. Compararlas nos permite descubrir que existen muchas posibilidades interpretativas y comenzar a preguntarnos por qué cada pianista toma determinadas decisiones.
La partitura es un mapa
Podemos comparar una partitura con el mapa de una excursión. El mapa nos indica por dónde debemos ir, pero el mapa no es la experiencia de recorrer el camino. Esa experiencia solamente existe cuando nosotros realizamos el recorrido. Con la música sucede algo parecido. La partitura contiene las instrucciones fundamentales, pero la música cobra vida cuando alguien la interpreta.
Y durante ese recorrido aparecen muchas preguntas que la partitura no puede responder completamente: ¿qué tan fuerte debe ser un forte?, ¿qué tan lento debe ser un tempo lento?, ¿cuánto debe durar una determinada pausa?, ¿hasta dónde podemos flexibilizar el pulso? Ahí comienza el trabajo del intérprete.
Pensar en frases, no en notas
Una de las claves para conseguirlo consiste en dejar de pensar en cada nota como un elemento aislado. Las notas forman parte de frases e ideas musicales completas. Cuando interpretamos debemos preguntarnos hacia dónde se dirige una frase, dónde comienza, dónde termina, cuál es su punto culminante y cómo conduce hacia la siguiente idea.
También debemos permitir que la música respire. Mantener correctamente el pulso es fundamental, pero eso no significa tocar de manera mecánica. Una vez que controlamos el tempo podemos introducir pequeñas flexibilidades de forma consciente y utilizar el tiempo como un recurso expresivo. Lo importante es distinguir entre modificar el pulso porque no somos capaces de mantenerlo y hacerlo deliberadamente porque queremos conseguir un determinado efecto musical.
El silencio también es música
Cuando dejamos de tocar, la música no desaparece. Los silencios forman parte de la interpretación y pueden tener una enorme capacidad expresiva. Una pequeña pausa al finalizar una frase permite al oyente percibir que una idea ha terminado y que está a punto de comenzar otra. Incluso el gesto de levantar las manos del teclado puede contribuir a transmitir esa sensación de respiración.
Por eso no debemos pensar únicamente en cómo tocamos los sonidos, sino también en cómo dejamos de tocarlos. Un silencio bien utilizado puede aportar tensión, reposo o incluso un enorme carácter dramático.
Tensión y resolución
La armonía también nos proporciona información que debemos aprender a escuchar. Algunas notas y acordes generan tensión, mientras que otros producen sensación de reposo o resolución. La partitura no siempre nos señala explícitamente dónde se encuentran esos momentos. Tenemos que descubrirlos mediante el análisis y, sobre todo, mediante nuestro oído.
Si sabemos que una determinada disonancia representa un punto importante de tensión, podemos darle el protagonismo que necesita. La música se construye precisamente mediante ese juego entre tensión y resolución, consonancia y disonancia, movimiento y reposo.
¿Qué tan forte es forte?
Las dinámicas son otro buen ejemplo de todo aquello que existe entre las notas. Una partitura puede indicar piano, forte o fortissimo, pero esas indicaciones no representan un volumen exacto. Somos nosotros quienes debemos establecer esas diferencias y, sobre todo, mantener una coherencia dentro de toda la obra.
Si utilizamos prácticamente toda nuestra intensidad sonora en un forte, tendremos poco margen cuando posteriormente aparezca un fortissimo. Debemos construir nuestra propia escala dinámica pensando en el conjunto de la interpretación. Por tanto, las indicaciones escritas no eliminan la necesidad de tomar decisiones: precisamente nos proporcionan el punto de partida desde el cual debemos construir nuestra interpretación.
Primero escuchar la música en nuestra mente
Antes de tocar deberíamos intentar tener una idea de cómo queremos que suene la obra. El piano no debería ser quien nos proporcione accidentalmente nuestra primera versión. Primero imaginamos el sonido y después utilizamos el instrumento para intentar reproducir esa idea.
Escuchar diferentes pianistas puede ayudarnos enormemente en este proceso. Lo recomendable es no quedarnos con una única versión, sino comparar varias interpretaciones y utilizarlas para construir poco a poco nuestros propios criterios.
Ideas clave
- La partitura representa la música, pero no es la música en sí misma.
- Una misma obra puede admitir interpretaciones diferentes.
- Debemos pensar en frases e ideas musicales completas, no en notas aisladas.
- Dominar el pulso nos permite posteriormente flexibilizarlo de manera consciente.
- Los silencios, las respiraciones y los gestos también forman parte de la interpretación.
- La armonía crea relaciones de tensión y resolución que debemos aprender a reconocer.
- Las dinámicas son relativas y deben guardar coherencia dentro del conjunto de la obra.
- Antes de tocar debemos intentar imaginar cómo queremos que suene la música.
- Escuchar diferentes intérpretes nos ayuda a descubrir posibilidades y construir nuestro propio criterio.
- Hacer música significa tomar decisiones: la música está en cómo conducimos una nota hacia la siguiente.
