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Después de trabajar los fundamentos, la técnica y la manera de estudiar, llegamos finalmente al objetivo de todo ese trabajo: hacer música. Y para hacer música no basta con tocar correctamente las notas. Tenemos que escuchar el resultado y aprender a controlar cómo se relacionan entre sí los diferentes sonidos que producimos. Aquí aparece uno de los aspectos fundamentales de la interpretación pianística: el equilibrio sonoro.
Cuando observamos una partitura debemos aprender a identificar qué función cumple cada una de sus partes. ¿Dónde está la melodía? ¿Dónde está el acompañamiento? ¿Qué papel desempeñan los bajos? ¿Existen diferentes voces? ¿Cuál de ellas debe destacar?
Responder a estas preguntas es imprescindible porque no todas las notas deben sonar con la misma intensidad.
Una orquesta en nuestras manos
Podemos imaginar el piano como una pequeña orquesta que tenemos bajo nuestros dedos. En una orquesta encontramos violines, violas, violonchelos, contrabajos, instrumentos de viento, percusión, y cada uno desempeña una función diferente en cada momento.
A veces los violines llevan la melodía mientras otros instrumentos acompañan. En otro momento puede aparecer un instrumento de viento como protagonista y las cuerdas pasar a un segundo plano. El protagonismo va cambiando continuamente.
En el piano sucede algo parecido, con una dificultad añadida: nosotros debemos controlar todas esas funciones simultáneamente. Podemos tener una melodía, un acompañamiento y un bajo sonando al mismo tiempo, pero somos nosotros mismos quienes debemos conseguir que cada elemento ocupe su lugar.
Por eso, cuando tocamos el piano nos convertimos de alguna manera en pequeños directores de orquesta. Nuestros dedos interpretan diferentes voces, pero nuestro oído debe decidir cuál tiene protagonismo y cuál debe permanecer en segundo plano.
Melodía y acompañamiento
Uno de los primeros ejercicios que podemos realizar consiste en identificar claramente la melodía de una pieza y diferenciarla del acompañamiento. La melodía debe escucharse por encima del resto. El acompañamiento también tiene que estar presente, pero debe permanecer en un segundo plano. Esto no significa que apenas tenga que escucharse, sino que debemos encontrar una relación adecuada entre ambos elementos.
Además, la melodía no siempre permanece en la misma mano. Puede comenzar en la derecha y posteriormente pasar a la izquierda. En ese caso, nuestro oído debe seguirla y nuestros dedos deben adaptarse para que continúe destacando independientemente de la mano que la interprete.
Una buena estrategia consiste en marcar las diferentes funciones sobre la partitura, incluso utilizando colores. Podemos señalar la melodía con un color y el acompañamiento con otro. De esta manera tendremos visualmente muy claro qué notas deben destacar cuando comencemos a trabajar el sonido.
Diferentes sonidos dentro de una misma mano
El equilibrio sonoro puede resultar todavía más complejo cuando melodía y acompañamiento aparecen dentro de una misma mano. Podemos encontrarnos, por ejemplo, con un acorde de cuatro notas en el que la nota superior contiene la melodía. Aunque las cuatro notas se toquen simultáneamente y tengan exactamente la misma duración, no deberían sonar como un único bloque uniforme.
La nota melódica debe sobresalir mientras las demás permanecen en segundo plano. Para conseguirlo tendremos que controlar de manera diferente el peso y el apoyo de cada dedo. Si la melodía se encuentra en la nota superior tocada con el quinto dedo, tendremos que conseguir que ese dedo produzca un sonido más destacado mientras los demás tocan con mayor suavidad.
Es un trabajo que puede resultar difícil al principio porque exige un control técnico muy preciso, pero nuestro principal guía debe ser siempre el oído.
Escuchar y cantar
El equilibrio sonoro no puede trabajarse únicamente desde los dedos. Tenemos que saber primero qué queremos escuchar. Por eso vuelve a aparecer una estrategia que ya trabajamos durante la primera semana del curso: cantar la melodía. Si somos capaces de cantarla mientras tocamos, nuestro oído tendrá mucho más claro qué línea debe sobresalir y podremos buscar con mayor facilidad ese mismo resultado en el teclado.
En definitiva, el equilibrio sonoro nace de una combinación entre análisis, técnica y escucha. Primero identificamos las diferentes funciones de la partitura; después utilizamos nuestros dedos para producir distintos planos sonoros y, finalmente, nuestro oído comprueba si el resultado corresponde realmente con aquello que queremos expresar.
Ideas clave
- Hacer música implica escuchar y controlar el resultado sonoro de nuestra interpretación.
- No todas las notas de una partitura deben sonar con la misma importancia.
- Debemos identificar melodía, acompañamiento, bajos y diferentes voces.
- Podemos imaginar el piano como una orquesta y al pianista como su director.
- La melodía debe destacar mientras el acompañamiento permanece en un segundo plano.
- El protagonismo puede pasar de una mano a otra durante una misma obra.
- Incluso dentro de un mismo acorde podemos necesitar diferentes intensidades en cada dedo.
- Cantar la melodía ayuda a nuestro oído a identificar la voz que debe sobresalir.
- El equilibrio sonoro no consiste simplemente en tocar las notas: consiste en decidir cuáles queremos que el oyente escuche en primer plano.
Clases recomendadas
- Equilibrio sonoro entre manos: https://www.artsmusica.net/cursos/clases_grabaciones/equilibrio-sonoro-entre-manos/
- Buscando la mejor interpretación en el piano: https://www.artsmusica.net/cursos/clases_grabaciones/buscando-la-mejor-interpretacion-en-el-piano/
- Buscando la mejor interpretación. Parte 1: https://www.artsmusica.net/cursos/clases_grabaciones/buscando-la-mejor-interpretacion/
- Buscando la mejor interpretación. Parte 2: https://www.artsmusica.net/cursos/clases_grabaciones/buscando-la-mejor-interpretacion-parte-2/
