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Cuando aprendemos una obra de piano intervienen diferentes tipos de memoria. Dos de ellas tienen una importancia especial durante el estudio: la memoria auditiva y la memoria muscular. Ambas se desarrollan mediante la repetición y trabajan conjuntamente hasta conseguir que podamos interpretar una pieza con mayor seguridad y naturalidad.
La memoria auditiva nos permite interiorizar cómo suena la música. A medida que escuchamos y repetimos una obra, comenzamos a anticipar mentalmente las notas, las melodías, las armonías y el desarrollo de las frases. Poco a poco dejamos de depender exclusivamente de aquello que vemos escrito en la partitura porque nuestro oído ya sabe qué debería sonar a continuación.
Por otro lado, encontramos la memoria muscular o motora. Mediante la repetición, nuestro cuerpo va aprendiendo los movimientos necesarios para interpretar una pieza: qué dedos utilizar, dónde desplazarnos por el teclado, cuándo cambiar de posición o cómo coordinar ambas manos. Muchos de esos movimientos terminan realizándose de manera prácticamente automática.
Sin embargo, no debemos confiar únicamente en los automatismos. La memoria muscular puede ser muy eficaz, pero también puede fallar. Si durante una interpretación perdemos momentáneamente la secuencia de movimientos, necesitamos otros puntos de referencia que nos permitan continuar. Por eso es importante que la memoria auditiva y la muscular trabajen conjuntamente. Nuestras manos deben saber adónde ir, pero nuestros oídos también deben saber qué tiene que sonar.
Además, todo este proceso debe construirse mediante un estudio consciente. Incluso cuando un movimiento empieza a automatizarse, conviene seguir prestando atención a lo que hacemos: las notas que estamos tocando, los movimientos de nuestras manos, la digitación y, especialmente, el sonido que estamos produciendo.
Estudiar con concentración permite que aquello que repetimos quede mejor asentado. No se trata simplemente de acumular horas delante del instrumento, sino de estar verdaderamente presentes durante el tiempo que dedicamos al piano. Y precisamente por eso también debemos hablar del descanso. Descansar no significa dejar de aprender. Después de una sesión de estudio, nuestra mente necesita tiempo para relajarse y asimilar el trabajo realizado. En muchas ocasiones, un fragmento que parecía difícil comienza a resultar más claro después de desconectar y volver a él más tarde o al día siguiente.
No debemos interpretar el cansancio como una señal de que necesitamos insistir todavía más. Cuando disminuye nuestra concentración, puede ser mucho más eficaz detenernos, descansar y continuar posteriormente con la mente despejada.
De esta manera cerramos esta semana dedicada a aprender cómo estudiar. Repetir conscientemente, trabajar por fragmentos, establecer objetivos realistas, utilizar correctamente el metrónomo y desarrollar nuestras diferentes formas de memoria son herramientas que nos permiten aprovechar mucho mejor cada sesión frente al piano.
Ideas clave
- La memoria auditiva nos ayuda a interiorizar y anticipar cómo debe sonar la música.
- La memoria muscular permite automatizar progresivamente los movimientos necesarios para tocar.
- Ambas formas de memoria deben trabajar conjuntamente.
- Los automatismos son útiles, pero debemos seguir tocando con atención y conciencia.
- Durante el estudio debemos prestar atención a las notas, los movimientos y el sonido.
- La calidad de la concentración es más importante que acumular muchas horas de práctica.
- El descanso también forma parte del proceso de aprendizaje.
- Estudiar bien significa saber cuándo repetir, cuándo concentrarse y también cuándo parar.
